El mercado inmobiliario argentino encontró la forma de hacer una virtud de un defecto. La histórica falta de crédito hipotecario que se vive en el negocio de la compra y venta de propiedades en el país, y que constituye el mayor obstáculo que enfrentan las familias de clase media para acceder al techo propio, se convirtió en el mejor antídoto que tiene el sector inmobiliario para cubrirse de un hipotético estallido de la burbuja de precios.
Analistas y operadores locales coinciden en que la crisis del mercado inmobiliario que se desató en los Estados Unidos a partir de las hipotecas subprime difícilmente se repita en un mercado como el argentino, donde más del 90% de las operaciones de compra y venta se realizan en efectivo y sin participación del crédito hipotecario. De esta manera, la plaza local está prácticamente exenta de vivir situaciones parecidas a lo que ocurre en los Estados Unidos o algunos países europeos, donde el aumento de la morosidad en esos créditos se está traduciendo en una masiva devolución de las propiedades a manos de los bancos que otorgaron los préstamos para su compra.
"La realidad de ambos mercados es muy diferente. La crisis en los Estados Unidos se origina en un exceso de financiamiento, mientras que si hay algo que caracteriza al negocio inmobiliario argentino es la falta de crédito y la preponderancia casi exclusiva de las operaciones al contado", explicó Germán Gómez Picasso, director de la consultora Reporte Inmobiliario.
En el sector igualmente reconocen que el mercado local no está del todo a salvo de sufrir alguna consecuencia de la crisis que ya se cobró varias víctimas y amenaza con extenderse a otros grandes bancos internacionales. En este sentido, destacan que el crédito hipotecario, que ya era muy escaso antes de que se desatara este problema, ahora está en camino de convertirse en una especie en extinción en el mercado argentino.
"El impacto se va a sentir en el crédito. Si hasta ahora era difícil conseguir un préstamo hipotecario, la situación va a empeorar. Los bancos se van a poner más duros y van a exigir muchas más cosas, de manera de no otorgar ningún crédito", explicó Carlos Sotelo, presidente de la Cámara Inmobiliaria Argentina.
Refugio en los ladrillos.
En el sector destacan que la bajísima incidencia del crédito explica que el mercado inmobiliario local hoy siga siendo visto como un refugio para inversores. Sin embargo, admiten que la situación actual es diferente de la que se vivía en 2002, cuando la falta de alternativas provocó un masivo éxodo de los capitales hacia el negocio de los ladrillos. "A diferencia de lo que ocurrió con la salida de la convertibilidad y el corralito financiero, hoy los ladrillos tienen un competidor muy fuerte que es el dólar, que en la percepción de muchos inversores hoy es visto como un producto barato", explicó Gómez Picasso.
En su función de activo refugio, en el sector señalan que no todos los inmuebles ofrecen el mismo atractivo. "Para los grandes clientes la opción más segura son las oficinas y los locales comerciales, aunque estos últimos exigen un grado de dedicación muy alto que no cualquier propietario está dispuesto a tener. En promedio, las oficinas y los locales comerciales ofrecen una rentabilidad anual del 10 u 11 por ciento, muy por encima del 6% que da el negocio de las viviendas", explicó Diego Cazes, vicepresidente de la firma L. J. Ramos.
Cazes destaca que las viviendas más buscadas son las propiedades usadas (o sin estrenar, pero ya terminadas), porque ofrecen la posibilidad de comenzar a recuperar la inversión en forma inmediata. "Las propiedades en construcción, además, cuentan con la desventaja de que hoy es prácticamente imposible encontrar un desarrollador que ofrezca un precio fijo y las cuotas se van indexando por la inflación", explican en el sector.
Jorge Toselli, de JT Inmobiliaria, también destaca: "Este mes se sintió un repunte de la demanda de departamentos de dos y tres ambientes de menos de 100.000 o 120.000 dólares, porque hay muchos inversores pequeños que prefieren salir de los bancos y apostar a los ladrillos".
Fuente: La Nación |